
En
1888 "El Productor" publicaba una serie de textos titulados
"Realidad y Utopía" (I a VI) que explican en grandes
líneas la concepción global de nuestros compañeros
de entonces. Dada su importancia, en la lucha contra la corriente, en
un momento en que las soluciones democráticas, liberales, autonomistas,
independentistas (la "liberación nacional de Cuba")
eran dominantes, publicamos a continuación una parte importante
de los mismos.
Realidad y Utopía
"...Tantos y tantos desengaños han
lacerado el corazón de las sufridas masas populares, que ya no
es posible engañarlas por más tiempo.
Por eso los ideas socialistas, que tanto terreno
han ganado en las agrupaciones obreras, se hacen cada vez más
aceptables por los trabajadores del mundo entero.
Porque ante ellas no se presentan redentores hipócritas
ofreciéndoles grandes bienes a cambio de una candidatura...
Esto es tan cierto como que el socialismo les dice
a los pueblos: "he ahí mi doctrina síguela si quieres
redimirte, pero no esperes que nadie te redima, porque tu redención
ha de ser la obra de ti mismo."
La verdad que entraña esta fórmula
es de tal modo tangible aún para los cerebros más obtusos,
que vanamente se empeñan por desvirtuarla aquellos cuyas ambiciones
se estrellan ante ella.
Desacreditados ya ante la conciencia popular los
sistemas políticos puestos en juego hasta el día, causa
risa oír decir a sus interesados panegiristas que huelga hablarle
a los pueblos de su redención que ya la política los ha
redimido; afirmación tan desgraciada como que en su seno lleva
la ponzoña que ha de darle muerte.
Sostener semejantes tesis, equivale a decirle al
infeliz asalariado: "tu eres un ser insensible; si alguna vez,
la vergüenza de los vejámenes que sufres sube a tu rostro
y colorea tu semblante, es porque eres un estúpido que no alcanzas
a comprender lo que vales y de lo que es capaz, gracias a los procedimientos
que la política pone a tu alcance."
¡Horrible y sangriento sarcasmo, comparable
únicamente a los crueles latigazos que el más despiadado
de los mayorales asestara en un tiempo sobre las espaldas del negro
esclavo!

¡Parece increíble que ante un pueblo
que vive atado al poste de la mayor degradación se hagan afirmaciones
semejantes!.
Felizmente los hombres que saben sentir y pensar
toman nota de tales palabras y de ellas deducen lo que deben esperar
de tales redentores.
Por eso los abandonan, y cada día van a engrosar un sinnúmero
de hombres-pueblo, las filas de los que, parapetándose tras las
doctrinas socialistas, solo encuentran en ellas medio seguro de contrarrestar
los empujes de una sociedad madrastra que los esclaviza de la manera
más desnaturalizada.
Utópica llaman nuestros adversarios esta manera de pensar de
tales hombres, sin pararse en que los que piensan, conocen la marcha
histórica que el socialismo ha seguido en el desarrollo de las
edades.
Harto saben los que con el calificativo de utopistas
se les honra, que el socialismo, es hijo del reflejo en la inteligencia
de la lucha de clases que existe entre los poseedores y los desposeídos...
Hijo de ese sentimiento de justicia, y de la lucha
consiguiente entre proletarios y burgueses, es que la historia engalana
hoy sus páginas con los nombres de Tomás Münzer,
los niveladores y Babeuf.
Nadie que de un tanto instruido se pique, dejará
de conocer las teorías que nacieron, como consecuencia de los
levantamientos de esos revolucionarios defensores de una clase, que
si bien es cierto aun no estaba formada, era, digámoslo así,
la precursora del proletariado moderno.
Aparecieron, pues, las teorías francamente
comunistas del siglo XVII, calcadas de la antigua Esparta, y como consecuencia
de ellas, los hombres de Saint-Simon, Carlos Fourier y Roberto Owen..."
(1)

"... Hoy el proletariado es más miserable
que el esclavo de la antigüedad, que el errante de la edad media,
pues que no tiene como el primero, quien vele por su subsistencia, y
si goza de más libertad que aquel, es únicamente de la
libertad de morirse de hambre; y más miserable que el errante
de la edad media, porque no tiene la independencia de restituirse, como
aquel, de lo que la sociedad, dentro del orden que rige la propiedad,
le ha usurpado.
Tenemos pues, que el rico es hoy más rico
y el pobre más pobre que lo que fueron jamás.
... Mejor alimento, más cuidado, mejor habitación
tiene el caballo de un barón Hirsch que un infeliz proletario...
Estos milagros de redención que muy a la
ligera señalamos, se han realizado merced a la política,
que trabaja incesantemente por allegar a los pueblos mayor suma de libertad;
y si el hecho real es que las clases proletarias son hoy más
libres, pero más miserables que antes, debemos estar conformes,
porque entre nosotros no existe el esclavo de la antigüedad.
¿Qué importa la miseria de un pueblo
ante el sufragio universal?
¿Qué importa el que un padre de familia
se acueste hoy sin un pedazo de pan con que alimentar sus hijos mañana,
cuando tiene el derecho de ir a las urnas y depositar su voto en favor
de algún protegido?
Bienes son éstos que para poseerlos, bien
merecemos morirnos de hambre.
Mas los socialistas, esos pícaros utopistas que tienen ya el
colmillo duro en asuntos de esta especie, pasan la vida soñando
lamentablemente y entienden las cosas de otra manera. Piensan saber
distinguir la realidad de la utopía, y en su error, afirman que
los pueblos no deben ser libres en tanto no se rediman económicamente.
Y esta verdad que creen, no haber descubierto sino
aprendiendo en la historia, tiene en su apoyo todos los grandes movimientos
políticos habidos en el mundo, los cuales nada han resuelto económicamente
a favor de las clases proletarias.
El más grande de eso movimientos, la Revolución
Francesa, ¿qué hizo en ese sentido?

Con razón ha dicho de ella un notable escritor:
"El desarrollo de la industria sobre una base capitalista hizo
de la pobreza y de la miseria de las masas obreras la condición
vital de la sociedad" Y más adelante añade: "Si
los vicios feudales, que antes se encontraban públicamente, se
habían refugiado en la sombra, los vicios burgueses, que antes
se conservaban ocultos, brillaron en todo su apogeo. El comercio se
hizo a poco una estafa legalizada: la fraternidad de la enseñanza
revolucionaria se personificó en las disputas y rivalidades de
la concurrencia: la corrupción general suplantó a la opresión
violenta y el oro al sable como primer motor social: el derecho de pernada
pasó del barón feudal al dueño de la fábrica;
la prostitución tomó proporciones hasta entonces desconocidas;
el matrimonio continuó siendo, bajo la forma legal, encubridor
oficial de la prostitución, completándose con el adulterio;
en una palabra, las instituciones políticas y sociales que siguieron
al triunfo de la Razón, comparadas con las pomposas promesas
de los filósofos, parecieron engañosas y tristes caricaturas."
De tal manera lo trascrito se aviene con nuestra
manera de pensar, que ya en nuestro artículo anterior dijimos,
refiriéndonos a la Razón proclamada por los filósofos
del siglo XVIII, que no fue otra cosa, que la Razón burguesa..."
(2)
"... Así es que, si a tales lectores
les extraña el que un periódico esencialmente obrero emita
ideas puramente obreras, a nosotros, no nos admira de modo alguno el
que los políticos sean contrarios a los obreros...
Sentadas ya de una manera positiva por el materialismo
moderno, las bases de una revolución en la concepción
de la naturaleza, era lógico y natural que hechos subsiguientes
hiciesen experimentar un cambio en la manera de concebir la historia.
Los obreros de Lyon, en 1831 dieron el primer paso,
y de 1838 a 1842 el cartismo inglés adquirió proporciones
colosales.
Eran ya inevitables los acontecimientos, y la guerra
de clases entre proletarios y burgueses entró violentamente a
ocupar un paso en la historia; guerra notablemente recrudecida a medida
que aumentaba el desarrollo de la grande industria y de la supremacía
política.
Entonces se vió claramente que las doctrinas
económicas burguesas, la identidad de intereses entre el capital
y el trabajo y otras lindezas por el estilo, eran desmentidas por los
hechos..." (3)
"Libertad, Patria, Gloria, Victoria; bellísimas
palabras que podemos reducir a uno de estos dos términos: muerte
o miseria.
¡Libertad! palabra santa de la cual se vale
la política para conducir al campo de batalla a millares de hombres
en busca de ilusorias esperanzas; mágico talismán con
el que han sabido atraer a los pueblos los embaucadores de oficio y
sonoro reclamo tras el cual corremos desalentados en demanda de la muerte.
¡Oh, qué bella realidad!...
Tras una miserable infancia, gastar la virilidad
de los años juveniles mordiendo el cartucho y derramando nuestra
sangre al golpe de mortífero bayonetazo.
Y todo ¿por qué?
Porque se nos ha dicho que el sistema de gobierno
bajo el cual vivíamos era despótico, cruel, inhumano:
y que luchando por la república, haciéndola vencer, nuestros
hijos serían felices, nuestra manera de llevar la vida cómoda...
porque se nos ha hablado de educación de derechos y que sabemos
de cuantas cosas más, que los pueblos no conocen sino por el
nombre.
Y tras ellas ha ido y allá va... el sencillo y honrado trabajador,
dejando en cien combates un brazo aquí, una pierna allá
y la vida, la más de las veces, en cualquier lugar.
Más ¡oh realidad nunca bien soñada!...
la república ha vencido y sus esquilmadas huéstes, victoriosas,
retornan al hogar henchidas de esperanzas.
¡Viva la libertad! exclama el pueblo en transportes de entusiasmo...
El tiempo corre, un Presidente sumamente ilustrado ha regido los destinos
de la patria durante algunos años, y los harapientos hijos del
infeliz que luchó por redimirlos se encuentran como antes, hambrientos
e ignorantes...
¿Qué se hicieron de las bellísimas
promesas?
Preguntádselo a los padres del pueblo, a
los políticos de oficio y ellos os contestarán que hay
que hacer algunas reformas y luchar nuevamente.
¡Oh perdurable ignorancia de los pueblos, he ahí la realidad
en que vivís.. luchando siempre, y siempre ignorantes y hambrientos!
¡Patria! ¡qué hermoso nombre!
¿quién no adora el rincón en que nació?
¿Quién no se extasía al recuerdo de las caricias
de una madre, hechas al amor de la lumbre en una noche de invierno y
bajo el techo paterno?...
¡La patria está en peligro! ¡a
las armas hijos de la patria! y allá van los honrados hijos del
pueblo a derramar su sangre y a morir por el pedazo de tierra que guarda
sus más sagrados recuerdos.
Al cabo de algún tiempo vuelven parte de
los que fueron, orgullosos y triunfantes. El invasor ha sido arrojado
a la frontera. ¡La patria está libre! ¡Viva la patria!
¿y la viuda y los hijos? ¡Ah, la viuda
y los hijos! ¡Vedlos harapientos y muertos de hambre!
¿Porqué?
Preguntádselo a los padres de la patria,
a los políticos de oficio...
¡Gloria! sueño dorado...
¡El hijo de un héroe, os responderá;
mi padre fue un soldado glorioso de la patria!
¿Sabes leer, habéis comido hoy?
El pobrecillo os tenderá la mano en demanda
de una limosna y bajará la cabeza abochornado.
¡Victoria! centelleante corona de héroes...
Y el pueblo sufrido va en busca de su honrada aspiración,
aquí dejando un brazo, allí una pierna y la vida en todas
partes...
Cuando vuelven, si alguno de los que fueron les
es dado volver, encuentran que a pesar de su sangre derramada, la patria
no es libre, la gloria fue para otros, la libertad es su esclavitud
y la victoria el miserable encumbramiento de los menos sobre los más.
Este es el cuadro salvador que a los hijos del
pueblo espera si a manos de la política entregan sus destinos.
En cambio la escuela socialista procede de muy
distinto modo...
Cierto es que la escuela socialista más
se ocupaba en describir los antagonismos creados por la producción,
que en buscar las causas que los originaba; mas vino Carlos Marx y con
él aparecieron la concepción materialista de la historia
y la explicación de la producción capitalista por medio
de la supervalía... De aquí se dedujo naturalmente y quedó
explicado, que la apropiación del trabajo no retribuido era la
forma fundamental de la producción capitalista y de la explotación
de los obreros. Quedó demostrado asimismo que todo capitalista,
al pagar la fuerza de trabajo del obrero, extrae de ella más
valor real que el que le ha costado adquirirla y que esta supervalía
acumulada, constituye la masa de capital, siempre creciente, en manos
de los poseedores..." (4)

"Bellísimos tiempos alcanzamos,; la
civilización lo invade todo y los pueblos, pletóricos
de bienestar, si quieren ser felices, no deben abandonar la realidad
en que viven por seguir quiméricas ilusiones. La democracia,
tambor batiente, se abre paso por entre las filas de los esclavócratas
y el mundo marcha a pasos agigantados a la realización de sus
esperanzas. Presto lucirá sobre el horizonte de los pueblos,
el sol de la libertad y los por tantos años oprimidos se verán
libres, por fin, de tantas y tan pesadas cadenas como hoy oprimen su
mísera existencia. Que avanzamos, que el porvenir es nuestro,
lo comprueba la inmensa distancia que nos separa del esclavo de otros
tiempos, pues mientras ellos no tenían una grosera camisa con
que cubrir su desnudez, nosotros usamos guantes y frac y habitamos frescas
casas.
Esto, o cosa parecida, dicen a diario nuestros
redentores, los hombres de la política.
Mas, los que un tanto nos detenemos en el examen
del medio en que vivimos, los que sin preocupaciones de ningún
género tenemos la pretensión de deducir de él el
porvenir que nos espera, a seguir este orden de cosas, no podemos estar
conformes en modo alguno con semejantes afirmaciones.
Nosotros no podemos admitir que un pueblo sea libre entanto la miseria
lo domine.
Ved si no esos pueblos, emporios de la civilización
y de la libertad; cuentan con grandes sabios, con poetas a centenares,
con historiadores, con músicos inspirados, con ingenieros, con
doctores, con acaudalados propietarios, con ricos industriales y que
sabemos con cuántas cosas más.
Cualquier ciudadano, un leñador, un sastre,
puede llegar a regir los destinos de millones de hombres, y culpa será
del que a tanto no se atreva, pues que tiene los medios a su alcance...
la instrucción es gratuita y las cátedras están
abiertas al que quiera.
¿Por qué pues, no se redimen esos
pueblos? ¿Es la política, acaso, responsable de su indiferencia?
¡Ah! si hacéis una visita domiciliaria,
de casa en casa, a los habitantes de países tan dichosos en apariencia,
encontraréis bien pronto la respuesta... ¡la miseria!
Ante la miseria no hay libertad de enseñanza,
no hay cátedras libres. Apenas si el infeliz trabajador puede
enseñar a leer y escribir malamente a sus hijos pues tan luego
como cuentan con fuerzas suficientes para trabajar, es preciso, es forzoso
que ayuden a llevar las cargas de la familia. ¿Qué hombres
podéis hacer de los infelices niños que apenas si concurren
a la escuela 3 o 4 años? ¿Y que responsabilidad podéis
exigir a unos padres que se acuestan hoy sin estar seguros de tener
un pedazo de pan para mañana?
¡Horrible injusticia sería!
Por eso hemos dicho otras veces que los grandes
principios proclamados por la revolución francesa fueron estériles
para el proletariado. En efecto; ¿de que vale proclamar la igualdad,
la libertad y la fraternidad, si no hemos de ser iguales, libres y hermanos,
dadas las diferencias de condiciones sociales?
Estas diferencias, digan lo que quieran los apasionados detractores
nuestros, no es la política quien ha de vencerlas, entendiendo
por política la ciencia del Estado y el arte de gobernar.
Es y no nos cansaremos de repetirlo, el Socialismo,
quien ha de resolver ese problema ante el cual se estrellan todas las
escuelas políticas conocidas.
Por eso el Socialismo estudia con entera conciencia las causas que se
oponen al establecimiento de la libertad sobre la tierra, y de su estudio
saca la consecuencia de que el orden social presente es obra de la burguesía,
clase actualmente dominante...
Mas la producción capitalista, o séase
su introductor, la burguesía, tenía una misión
histórica que cumplir, y hubo de dedicarse a concentrar los medios
de producción...
Esta forma de hierro dentro de la cual se revuelve
en vano el proletariado, es la que se impone al obrero entre los medios
de producción y de existencia y la que le impide vivir. Destrúyase,
pues este sistema, funcionen los medios de producción sin tomar
la forma de capital, y el proletariado tendrá la seguridad de
la existencia.
Los capitalistas no son ya capaces ya de dirigir
las fuerzas por ellos acumuladas y el proletariado tiende a la solución
del antagonismo...
Y ya que del Estado hemos hablado, vamos a decir
cuatro palabras respecto a este organismo, que no es otra cosa, cualquiera
sea su forma, que una máquina capitalista, el Estado de los capitalistas.
... habrá de suceder, necesariamente, una
sustitución de la apropiación capitalista por una apropiación
basada en la naturaleza misma de las fuerzas productivas. Estas fuerzas
productivas, acrecentándose cada vez más y más,
tienen que ser a no dudarlo, el ejército que ha de efectuar esta
revolución.
El proletariado, dice a este respecto un escritor,
después de apoderarse de la fuerza pública, transforma
los medios de producción en propiedad del Estado; mas por este
hecho él mismo destruye su carácter de proletariado, así
como toda distinción y antagonismo de clase, y, por consecuencia,
destruye el Estado como Estado.
El Estado era la representación oficial
de toda la sociedad, su encarnación en un cuerpo visible; pero
sólo lo era mientras era el Estado de la clase que en aquella
época representaba la sociedad entera; mas desde el momento en
que es representante de toda la sociedad, será al mismo tiempo
su último acto como Estado.
Luchar necesitamos para llegar a merecer... la
victoria.
Seamos firmes en nuestras convicciones, que medios
nos cobran que utilizar en provecho de nuestra causa.
Y dejemos entregados al severo juicio de los tiempos
venideros a los que pudiendo emplear sus buenas facultades en la cooperación
de una obra redentora, sólo se entretienen en discutir personalidades
y no ideas, y establecer distingos entre hombres que sólo deben
ser humanos." (5)
"Cada día que pasa recibimos una prueba
más de la desconsoladora realidad en que vivimos: ayer fueron
los asesinatos de Chicago, los fusilamientos de Río Tinto; hoy
la aparición de un nuevo invento del ingenio humano viene a aumentar
el número de los factores que tienden a mantener en eterna esclavitud
al infeliz proletariado.
Los periódicos de esta capital han dado
cuenta en estos días del perfeccionamiento llevado a cabo, por
un maquinista americano, en la máquina de hacer tabacos, inventada
hace algún tiempo. Pronto, muy pronto, veremos que los industriales
acaparadores de la producción a gran escala, habrán de
hacerse dueños de ese nuevo instrumento de su bienestar presente,
y que los obreros que al torcido del tabaco se dedican, sufrirán
idéntica suerte a la que han sufrido aquellos de sus compañeros
que fueron sustituidos por la maquina-herramienta...
Mas no se crea por lo que dejamos dicho, que la
aparición de una nueva máquina en el campo industrial
nos apena en modo alguno.
Harto sabemos que las grandes revoluciones no se llevan a cabo si no
contribuye a ellas el factor indispensable... la necesidad; y es necesidad
de los pueblos el rebelarse contra todo aquello que los esclaviza.
Esclavos son hoy los pueblos y cada día
lo serán más, a pesar de las cacareadas libertades que
disfrutan, porque se encuentran atados con ligaduras fortísimas
al poste de la miseria, sin más esperanzas que ser más
libres políticamente hablando, pero teniendo en lontananza siempre
un invento que debiera pertenecerles y que será acaparado por
los capitalistas para sumirlos en la indigencia.
Esta es la realidad de hoy, y será la de
mañana; más libertad pero más hambre...
Ya en nuestro artículo anterior dejamos
demostrado que la apropiación por la sociedad de los medios de
producción ha de ser consecuencia forzosa del gran desarrollo
que ha tomado ésta, y que de dicha apropiación habrá
de deducirse necesariamente la abolición del Estado.
La abolición de las clases, antes que la
del Estado, será hija también de la apropiación
a que nos referimos; abolición cuya necesidad ser hace sentir
cada vez más, puesto que las condiciones materiales para ponerla
en práctica acrecientan de un modo rápido; y al decir
que las condiciones materiales acrecientan, no queremos referirnos en
modo alguno a lo que muchos se refieren en sentido político,
es decir, a la necesidad de igualdad, de justicia o de fraternidad,
palabras vacías de sentido para nosotros en tanto no se pretenda
encontrarlas en el advenimiento de nuevas condiciones económicas.
Acaso se nos diga que la división de la sociedad en clases ha
sido hija de la división del trabajo; consecuencia fatal que
no negaremos. Sobradamente sabemos que allí donde el trabajo
no rinde sino lo estrictamente necesario para el mantenimiento de todos,
el trabajador tiene que emplear en producir todo el tiempo de que dispone,
dando esto origen a una minoría exenta de trabajo, que se encarga
de la dirección general del gobierno, de la justicia, etc. etc.
Esta minoría se hace dominante, consolidando su poder en detrimento
de la clase laboriosa, y cambia la dirección social en explotación
de las masas.
Esto sentado, sucederá que ese derecho histórico
sólo lo tendrán las clases privilegiadas en tanto exista
la producción poco desarrollada, y que dejará de existir
tan luego como los capitalistas, transformando la producción
individual en social le impriman un desarrollo máximo. Por eso
hemos dicho en uno de nuestros artículos anteriores, que dentro
del sistema llevaban el castigo.
En efecto, cuando por medio de la apropiación
por la sociedad, de la producción hayamos abolido las clases,
entonces habremos alcanzado un nivel social de tal consideración
que será superfluo todo obstáculo que se oponga al desarrollo
político e intelectual.
Porque redimida la sociedad económicamente,
se verá libre de la única, de la verdadera traba que hoy
le impide abordar franca y desembarazadamente el camino de la redención.
Si como esperamos, la sociedad llega a tomar posesión
de los medios de producción, pondrá fin, necesariamente,
a la apropiación de los productos por una clase determinada y
dejarán de ser los productores dominados por su propio trabajo.
Este hecho destruirá el desbarajuste que
hoy reina en la producción social, sustituyéndolo por
una organización consciente en la que desaparecerá la
lucha por la existencia.
Desde ese instante, y solo desde ese instante,
el hombre se verá separado del reino animal y habrá cambiado
sus condiciones por otras verdaderamente humanas.
Pensar de otra manera, tratar de invertir los términos
del problema es girar eternamente en un circulo vicioso. Lo accesorio
no puede ser lo principal.
Cuando la apropiación de la producción por la sociedad
sea un hecho y cuando por consiguiente, la humanidad esté en
aptitud de dominar las condiciones que hoy la rodean, entonces el hombre
someterá a su inspección el conjunto de aquellas condiciones
y será verdaderamente dueño de la Naturaleza.
La Humanidad, como muy bien ha dicho un pensador saldrá por fin
del reino de la fatalidad para entrar en el de la libertad...
Las Leyes que hoy rigen la acción social
se han levantado hasta aquí implacables frente a frente de los
hombres, dominándolos extrañamente; pero mañana,
gracias a la lógica que de ese hecho habrá de desprenderse,
esas mismas leyes serán aplicadas por los hombres con pleno conocimiento
de causa y, por tanto, dominadas...
Es grave error pensar que el hombre habrá
de verse libre, por fin practicando tal o cual doctrina política.
Podrá redimir a la patria del látigo
de un déspota, podrá ser libre e independiente, políticamente
hablando; pero su absoluta libertad, la libertad a que debe aspirar,
no le será dado alcanzarla en tanto no se redima económicamente.
La Humanidad, como de Cuba ha dicho el ilustre
Saco, será la imagen de un hombre, que envuelto en un rico manto,
oculta las profundas llagas que devoran sus entrañas.

Aquí damos fin a nuestro trabajo. Hemos
tratado de condensar nuestras ideas cuanto nos ha sido posible y sin
embargo, ha resultado un tanto extensa esta serie de artículos.
Tan rica en deducciones es la materia que nos ocupa,
tal alcance y extensión tiene el asunto que muy ligeramente hemos
tratado que fatigaríamos demasiado a nuestros lectores, si a
él dedicásemos el espacio que requiere.
Hemos concluido pues." (6)
A
más de un siglo de estos artículos, la lucha sigue siendo
exactamente la misma Contra todo lo que dicen los herederos abiertos
o encubiertos de la socialdemocracia, como queda bien claro en estos
extractos, no todo el movimiento obrero estaba sometido a la socialdemocracia.
Citemos otro artículo de El Productor en donde se expresa esa
contraposición entre los intereses del proletariado con todas
las alternativas políticas de la burguesía:
Obreros antes que todo
"Las simpatías que en un gran número
de obreros de la Habana y de la Isla en general ha despertado nuestra
propaganda socialista, y el decidido empeño que han demostrado
con el fin de organizarse de una manera definitiva y fuerte,. parece
que ha sido causa suficiente para que algunos que, con justos títulos
merecen el calificativo de reaccionarios, hayan puesto el grito en el
cielo y tratado de demostrar a los hijos del trabajo que se intentaba
conducirlos por vías ajenas a su redención.
... lo que pretendemos es hacer de todos los trabajadores
un solo hombre, comprendiéndolos en una aspiración común.
Los que sí los extravían, los que
sí los dividen, son los que tratan de fomentar sus pasiones políticas,
cavando de ese modo un profundo foso entre unos y otros.
Dividir sus fuerzas solo conseguirían los
obreros, distrayendo su atención de la cuestión trabajo
que la reclama imperiosamente, y entregándose a una política
que solo disgustos y odios personales habría de proporcionarles...
Estamos en tierra de Cuba donde las pasiones políticas están
más enconadas que en ningún otro país... Ante tan
lamentable estado de cosas hemos tratado de desviar a los obreros de
la política, no tan sólo porque nuestras doctrinas sociales
así nos lo exigían, sino porque el fraccionamiento de
los trabajadores (7) era aquí mayor que en ninguna parte.
Con nuestra propaganda hemos suavizado muchas asperezas
y la idea de libertad económica, única a que deben aspirar
los trabajadores, se ha ido infiltrando poco a poco en los cerebros
más reacios.
Porque es preciso que lo sepan un vez y para siempre
los obreros, ni con la asimilación, ni con la autonomía,
(8) ni con la democracia, ni con sistema político alguno habremos
de ganar nada, económicamente hablando, ni los negros ni los
blancos, trabajadores, pertenezcan al bando que quieran.
Bajo tal régimen de gobierno tendremos quizás mayor suma
de libertad política que bajo cuál otro; pero nuestra
esclavitud económica será la misma bajo cualquiera. Esto
que dejamos dicho está tan demostrado, que no hay trabajador
que ignore lo que les pasa a sus compañeros, así en Suiza
como en los Estados Unidos, donde de tanta libertad disfrutan.
Redimirse económicamente, debe ser el objeto
principal de las clases proletarias, si aspiran a ser libres, y para
ello el socialismo pone a su alcance los medios necesarios. Pretender
que la política ha de ponerlos en posesión de la libertad
a que como hombres tienen derecho, es pretensión tan vana, como
que los distrae del único punto hacia el cual deben dirigir sus
pasos.
Y esto que decimos no es nuevo, Ya Saint-Simon
afirmó en 1816 que la política no era más que la
ciencia de la producción y anunció la absorción
de ella por la Economía, y aunque aquí solo se encuentra
en embrión la idea de que las condiciones económicas son
la base de las instituciones políticas, contiene, sin embargo,
claramente la proposición de la conversión del gobierno
político en una administración o sea en la abolición
del Estado.
Los que dando riendas a sus ardorosos o interesados
sentimientos, creen que solo en la política, pueden encontrar
las clases trabajadoras el medio de emanciparse de la tutela en que
viven, se equivocan grandemente, o pretenden equivocar a los otros para
alcanzar el fin que se proponen.
Y se equivocan, porque mientras el proletariado no resuelva la cuestión
económica que lo esclaviza, no puede ser libre en modo alguno.
Haciendo política, ni el sastre logrará un real más
en la hechura de una levita, ni el albañil el más leve
aumento de su jornal, ni el tabaquero un peso más en vitola.
Esas son esperanzas que solo habrán de alcanzarse
rompiendo la ley del salario que los oprime y esta ley, esencialmente
económica, no son ni los demócratas, ni los monárquicos
que han de romperla.
Han de ser los trabajadores los únicos que
han de abordar tamaña empresa, si quieren ser libres.
Uníos para romper esa ley, trabajadores,
y antes de establecer distingos entre vosotros por razones de nacionalidad
o raza, sed obreros." (9)
L@s
compañer@s de El Productor, además de exponer de manera
abstracta estas posiciones comunistas libertarias y de oponerse a cada
tentativa de llevar a l@s obrer@s hacia el sufragio universal (10) se
encargaban de desmitificar en la práctica las democracias y las
repúblicas modelos existentes en ese momento especialmente en
América (como Estados Unidos, Argentina, México...).
Así
por ejemplo en el artículo "La República Modelo"
publicado en El Productor, el 27 de diciembre de 1888, se cita in extenso
un discurso del presidente de USA, en el cual el mismo reconoce que
la contraposición entre opulencia y miseria no ha disminuido
en absoluto sino que ha aumentado en ese modelo de república.
En el mismo puede leerse:
"En varias ocasiones, cuando hemos hablado
de los diferentes sistemas políticos que rigen el mundo, hemos
dicho que ninguno de ellos era suficiente a llenar nuestras aspiraciones,
porque todos absolutamente todos, no eran otra cosa que medios de que
se servía la clase dominadora para bien atar a sus pueblos, y
he aquí que cada día que pasa, vienen nuevos hechos a
robustecer más y más nuestras creencias.
Mas, si nuestras opiniones fuesen puestas en duda
por alguien, bastaría leer el Mensaje de Cleveland para convencerse
de que el único enemigo con que tiene que luchar los trabajadores,
es el capitalismo.

Todo esfuerzo que el pueblo trabajador emplee en
sentido político, será inútil, pues que, no logrando
otra cosa que variar la forma de gobierno, siempre tendrá en
frente el enorme pólipo que lo ahoga con sus tentáculos
formidables.
El capital, lo hemos dicho mil veces, es lo único
que esclaviza a los trabajadores, ya sea en las Monarquías, o
ya en las Repúblicas, y mientras no nos organicemos como clase,
para combatir frente a frente al enemigo común, en vano será
que corramos a las urnas a depositar nuestros votos con la esperanza
de mejorar nuestra situación económica, que es la piedra
angular de nuestra libertad..." (11)
Dicho
artículo es seguido por otro que concierne, esta vez, "Otra
República", la de los Estados Unidos Mexicanos:
Otra República
"En el golpe de gracia dado por Mr. Cleveland a la República
Norte-americana, en su reciente Mensaje, habrán podido ver nuestros
lectores qué clase de beneficios podrá encontrar el pueblo
trabajador dentro del tan cacareado sistema republicano.
Allí, en la tierra clásica de la
libertad, en la República modelo, en los Estados Unidos de América,
por fin, el proletariado no es otra cosa que lo que es bajo todos los
sistemas de gobierno conocidos; es decir una clase de la sociedad, la
más numerosa, explotada en provecho de una minoría bien
hallada y satisfecha.
Lean, estudien debidamente los obreros republicanos
el modo de ser del pueblo americano: ausculten, digámoslo así,
con solícita atención los órganos vitales de ese
gran enfermo que se llama pueblo, y verán que allí, como
aquí y como en todas partes, el mismo mal consume lentamente
la vida de los trabajadores; mal que llamaremos parasitismo burgués,
que a la manera de una enorme tenia, se nutre de nuestro organismo.
Y nos se crea que el apasionamiento de escuela
es el que nos guía a escribir de la manera que lo hacemos; no,
que los hechos diarios que en el mundo republicano se vienen sucediendo,
ponen de manifiesto, a cada paso, lo desapasionado de nuestros juicios.

Véase, si nó, lo que está pasando en Vera-cruz
(Méjico), y dígase si proceder más despótico
podía emplearlo el mismo Alejandro de Rusia.
Ya nuestros lectores tienen conocimiento de la
huelga de tabaqueros llevada a cabo en la población que referimos;
y puesto que están en autos de ese movimiento, bueno será
que se enteren de los procedimientos que se están empleando con
aquellos trabajadores, a fin de obligarlos a volver al trabajo. Para
ello insertaremos el siguiente manifiesto que hemos recibido:
"... (luego de exponer los hechos el manifiesto
termina así: NDR)... Los tabaqueros huelguistas hacen un encarecido
llamamiento a la prensa noble y generosa, así de la localidad
como de la República, para que en nombre del derecho, de la ley,
de la justicia y de la libertad, clame eficazmente contra los tiránicos
rigores a que están reducidos doscientos pobres jornaleros, por
defender la libertad de su trabajo, y cumplir dignamente sus compromisos.
En cuanto a mí, ya sé que con esta declaración
recrudece contra mi persona la saña vengativa del Jefe político,
pero quedaré contento, cualesquiera que sean los padecimientos
que me sean infligidos, si el sacrificio de mi individualidad fuere
útil de alguna manera a mis compañeros huelguistas, al
honrado, laborioso y perseguido gremio tabaquero.
Rafael Mercado, Veracruz, Enero 1º de 1889"
Mas los tabaqueros huelguistas de Veracruz viven
en un error si creen que la prensa noble y generosa habrá de
clamar "en nombre del derecho, de la ley, de la justicia y de la
libertad contra los tiránicos rigores a que están reducidos
doscientos pobres jornaleros, por defender la propiedad de su trabajo
y cumplir dignamente sus compromisos".
¡La propiedad de vuestro trabajo!
¡Qué ironía! ¿sois vosotros
dueños, acaso, de vosotros mismos? ¡Vuestro trabajo! ¿de
cuando acá ha sido vuestro? ¿acaso tenéis derecho
a otra cosa que al miserable mendrugo que se os concede con el fin de
que vayáis conservando vuestra vida, en tanto que el burgués
os necesita?
¡Vuestro trabajo! ¿cuándo habéis
sido dueño de él? ¿quién ha sido el verdadero
usufructuario toda la vida de vuestro trabajo, el burgués que
os explota ó vosotros, que produciendo ríos de oro, pasáis
la vida miserablemente consumidos por la anemia?
Esperad, esperad que la prensa noble y generosa
clame en nombre de la justicia, del derecho, de la ley, de la libertad;
esperad, que ya veréis lo que la prensa entiende por derecho,
por justicia, por ley y por libertad.
Pronto os habrá de decir esa prensa por
quien clamáis, que sois unos revoltosos mal avenidos con la tranquilidad
pública (12); por que justicia es haceros morder el freno, cuando
no queráis sufrir las imposiciones del capital, derecho, el que
tiene el burgués a explotaros, ley la que ha sido hecha para
esclavizaros y libertad la que tenéis de votar vuestros propios
tiranos.
Y eso os habrá de suceder en tanto esperéis
que la prensa noble y generosa interceda por vosotros, y en tanto penséis
que fuera de vosotros habréis de encontrar elementos que os apoyen
y defiendan.
Podrá haber, sí, quien os diga que
vivís en una República y que la ley, el derecho y la justicia
garantizan vuestra libertad; que sois electores y que con el sufragio
universal en la mano podéis barrer de un soplo a todos esos mandarines
que os incomodan pero que tenéis que ir a trabajarle a vuestro
amo el de la fábrica "La Unión" (que "Unión"
había de llamarse (13)) so pena de ser atropellados, como lo
han sido, por una "autoridad sin inteligencia, sin educación,
sin conciencia, y sin freno", vuestros camaradas, Manuel Iglesias
y Julio Castillo.
Eso, y nada más que eso habréis de
alcanzar.
Mas si sacudiendo el letargo que os entumece, os
disponéis a formar parte del movimiento universal iniciado por
los trabajadores, entonces, y solo entonces os colocaréis en
buen camino, porque todo lo que sea esperar vuestra redención
por esfuerzos ajenos a vosotros mismos es una ilusión... es acariciar
la idea de ser hombre libre por el hecho de vivir en una República,
y de este error buena demostración estáis recibiendo..."
(14)
La
lucha contra los mitos republicanos y patrióticos es una constante,
en la historia de los anarquistas. En esa tarea invariante nosotr@s
reconocemos a nuestr@s compañer@s de ayer y de siempre:
"Además, en las filas en que humildemente
milita El Productor, se combaten despiadadamente todas las supersticiones
-la del capital inclusive- y muy sin cuidado nos tienen las palabras
de monarquía y república, y en general, toda la hueca
tecnología de esa mezquina política, que cuando su esfera
de acción no se halla limitada al nombre propio de algún
ídolo de barro, ora sea Sagasta ora Cánovas, lo está
por un río, una montaña o cualquier otro accidente geográfico.
¡Ah! no, demasiado estrechos nos vienen los moldes de esa malhadada
política, que en resumen, sólo viene a ser la consagración
de la explotación de los más por los menos; no, nosotros
ni somos monárquicos, ni somos republicanos; más levantado
es nuestro ideal, más nobles son nuestras aspiraciones; queremos
la fusión armónica de todas esas colectividades que, bajo
el nombre de naciones, bullen y se revuelven en los horrores de la esclavitud;
hemos venido a la vida pública a defender los intereses de una
clase social que se llama clase trabajadora, sin distinción alguna
de nacionalidad; queremos un solo pueblo y un solo altar, nuestro pueblo
es la humanidad, nuestra diosa la eterna justicia, cuyo reinado habrá,
por fin de implantarse sobre este mundo durante tanto tiempo mancillado
por la explotación del hermano por el hermano." (15)
Por
supuesto, que ya entonces, el proletariado y l@s revolucionari@s, se
hacían acusar de indiferentes por esta actitud clasista, de servir
a la reacción por no apoyar la democracia y la lucha por la independencia.
Así respondía Roig de San Martín a los que serían
los argumentos claros del centrismo (Kautsky y, más tarde Lenin,
Trotsky, Stalin, Castro,...) para engancharlo al carro de la burguesía.

"Es, pues, original lo que aquí sucede.
El proletariado incrédulo ante tantos desengaños, desconfiado
de cuantas promesas hechas con las solemnidades de ritual, en los días
en que los políticos le daban cita para las barricadas, háse
pronunciado en favor de una organización esencialmente obrera,
y al desligar sus intereses de los antagónicos que poseen los
partidos, es objeto de escarnio y befa por parte de sus antiguos aduladores.
Unos, intitulados demócratas federalistas, pero déspotas,
sin educación e instinto, lo zahieren acusándolo de inconsciente
aliado de la reacción, de indocto comodín de las situaciones
que lo han explotado sin tasa, haciéndolo responsable de la pérdida
de libertad que no tiene otros defensores que los políticos de
filiación conocida. ¡Un obrero satélite de la reacción,
es decir amante de la servidumbre del despojo de la tiranía!
Esto es estúpidamente absurdo y descaradamente incierto. Pero
si se quiere que de una vez digamos lo que acerca de la política
en general pensamos, llámense reformistas o estacionarios, no
tenemos inconveniente en afirmar que respecto a la causa del trabajo
no cabe establecer distingos. ¿Qué diferencia se nota
entre el autócrata ruso desterrado a Siberia a los que conspiran
para que desaparezca el obstáculo que se opone a la felicidad
del pueblo moscovita, y los demócratas republicanos franceses
negando a los ciudadanos el ejercicio de un derecho que es individual,
y como ellos dicen, anterior a toda ley, cual es el de organizar las
municipalidades con arreglo al sistema organizado por los Consejos Obreros
en sus asambleas soberanas? ¿Por ventura es potestativo de un
poder democrático el negar los derechos que se desprenden de
los principios que forman la base de ese gobierno, o será quizás
que la democracia acomodaticia de estos señores no consiente
que el cuarto estado deje algún día de obedecer, para
mandar y ser obedecido?... ¡Vuestro apostolado es farisaico! Vuestra
austera virtud democrática una sangrienta burla; acariciáis
al pueblo como Bruto a Cesar, como Corina a Augusto, como Judas a Jesús:
son caricias que matan, porque las engendran sentimientos mezquinos,
propios de déspotas...
Suponen los políticos de oficio, esos que
viven preocupados con la suerte de los pueblos, a trueque de obtener
un asiento en el festín del presupuesto, que la clase obrera,
desligada de sus organizaciones convencionales y de sus sistemas estériles,
cuando no dañinos, comete un crimen del cual no puede absolverla
hoy la conciencia social, ni mañana el tribunal inapelable de
la historia...
Los que creen que el proletariado no hace política
porque no milita en las filas de los núcleos organizados que
turnan en la gobernación de los pueblos o aspiran a implantar
en ellos sus doctrinas, esos políticos avisados y expertos no
conocen la organización obrera, ni los fines que se propone realizar
esta falange que fue hasta hace poco el alma de todas las situaciones,
el nervio de los grupos de oposición, la amenaza perpetua de
los proscritos y la eterna pesadilla de los hombres de Estado. ¿Pues
qué, no se llama política la que hace el Cuarto estado
de acuerdo con sus peculiares intereses y aspiraciones, con su modo
de ser social, especialísimo, sui generis, porque ninguna organización
se asemeja a la que necesita para formar para hacer viables sus propósitos,
persuadido de que dentro del más amplio liberalismo no hallará
panacea que cure sus ya crónicos males? ¿No hay, por ventura,
más política que esa de cabildeos y mortificaciones que
todo lo envenena con su vaho deletéreo, política que nos
ha empobrecido y apartado del sendero que debimos emprender para no
perder de vista los intereses proletarios que estuvieron entregados
a manos mercenarias, que ora nos vendían al son del himno de
Riego, ya nos sepultaban en los calabozos en nombre del orden y de la
propiedad? No. Esta es otra clase de política al fin, que no
cree en Monarquía ni en República porque no espera nada
de ellas y sí de sus propias fuerzas organizadas, de la solidaridad
saludable de los interesados en que surja potente y vigorosa la emancipación
del cuarto estado, que será obra de su laboriosidad, de sus virtudes
cívicas, de su unidad de acción, vinculada en sus propias
y exclusivas fuerzas..." (16)
Para
terminar y para nuestr@s herman@s proletari@s de Cuba que contrariamente
a todo lo que se les dice, tienen que luchar por la revolución,
pero no por la usurpada por Castro y su séquito de burgueses
sino por la misma revolución que el proletariado lucha en todas
partes, volvemos a citar a nuestro compañero Roig de San Martín,
en un texto que parecería hacer referencia a la situación
que viven hoy nuestr@s compañer@s cubanos:
"Hasta el presente y lo decimos muy alto, todas las revoluciones
no han sido más que miserables parodias...
De los esfuerzos realizados, de la sangre vertida,
¿quienes han sido en realidad los verdaderos usufructuarios?...
Respondan por nosotros los millones de hombres que gimen en la miseria;
aunque mejor sería que respondiese la insolente plutocracia que,
merced a la candidez de los pueblos ha venido a sustituir la aristocracia...
Harto conoce que la política es el único
medio que tiene de sostenerse y teme el instante en que los trabajadores
se organicen como clase, porque sabe que el día que estos la
abandonen es el último de su dominación. Por eso la vemos
con tanta insistencia combatir nuestras ideas. Por eso nos dice diariamente,
que fuera de la política no hay redención posible para
los pueblos, porque sabe que la política es el medio para tenerlos
encadenados." (17)

Notas :
1. Publicado en El Productor, Realidad y Utopía, I, 8 de marzo
de 1888.
2. Publicado en El Productor, Realidad y Utopía, II, 15 de marzo
de 1888.
3. Publicado en El Productor, Realidad y Utopía, III, 22 de marzo
de 1888.
4. Publicado en El Productor, Realidad y Utopía, IV, 29 de marzo
de 1888.
5. Publicado en El Productor, Realidad y Utopía, V, 5 de abril
de 1888.
6. Publicado en El Productor, Realidad y Utopía, VI, 12 de abril
de 1888.
7. El fraccionamiento de trabajadores al que Roig de San Martín
se refiere aquí es al existente entre españoles, cubanos
y negros, según se deduce del mismo texto.
8. Se refiere, a la oposición burguesa entre mantenerse como
colonia española (asimilación) o independizarse (autonomía).
9. Publicado en El Productor, 1º de marzo de 1888.
10. Por ejemplo en el artículo "La Política y los
obreros a 'La Lucha'" publicado en El Productor, 1º de noviembre
de 1888.
11. Publicado en El Productor, el 13 de enero de 1889.
12. La in varianza real de la contrarrevolución nos sorprende
siempre. Pensar que recientemente algunos grupos que se pretenden proletarios,
"descubrieron" que la prensa era contrarrevolucionaria, que
estaba al servicio del capital, que era un aparato del Estado. Y Roig
de San Martín, decía esto hace más de un siglo.
13. "Unión Obrera" se llamaba la unidad sindical amarilla
y rompehuelgas en la industria tabaquera en Cuba, y "La Unión"
el órgano periodístico de dicha organización. La
misma es la repuesta patronal a las campañas de El Productor,
a la acción de la Alianza Obrera fomentada por el grupo de los
tres Enriquez y al Congreso Obrero de 1887.
14. Publicado en El Productor, "Otra República" el
17 de enero de 1889.
15. Publicado en El Productor,"En nuestro terreno" el 11 de
agosto de 1887.
16. Publicado en El Productor, "Principios y fines", 1º
de setiembre de 1887.
17. Publicado en El Productor, "Lean y piensen", 11 de agosto
de 1887.
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