El anarquismo en Cuba, desde el nacimiento de la República a la caída del dictador Gerardo Machado: El fin de la hegemonía libertaria sobre el movimiento obrero
Carlos M. Estefanía


"Luchemos, que hay grandes injusticias que destruir y muchos derechos que reclamar. Luchemos, que renunciar a la lucha es renunciar a la vida, es decir, es renunciar a ser hombres".
Manifiesto Anarquista de Cruces, 1915.


Huelgas y más huelgas

El siglo XX cubano se inició, con una isla ocupada por Estados Unidos, y desbastada por la guerra contra España, el ideario anarquista, tenía pues, bastante tela por donde cortar. Durante este periodo se siguieron difundiendo los métodos de lucha anarcosindicalista, especialmente desde el semanario ¡Tierra! en el que escribían destacados escritores de España y Cuba. Para fortalecer la propaganda de sus ideas, los ácratas de Cuba intentaron contar con la presencia, de uno de los masa conocidos pensadores de su doctrina, Enrico Malatesta, a quien en 1900 los editores de El Mundo Ideal invitaron a la isla para que le hablara a obreros y campesinos sobre el anarquismo. Lamentablemente para los anfitriones, las conferencias debieron interrumpirse, pues a las que las autoridades interventoras norteamericanas no les agradó nada la estancia del connotado anarquista en el país y lo expulsaron. Pese a todo los métodos de acción directa, constituían parte intrínseca del accionar obrero Cubano, en los primeros tiempos postcoloniales.

El parto de la república en 1902 fue "asistido" por La enmienda Platt, y por la primera huelga general de nuestra historia, conocida como la de " los Aprendices", Enmienda y Huelga resultaron dos visitantes inesperados para quienes habían idealizado la sociedad de una Cuba libre de España.

La huelga de los aprendices, no solo contó con la participación y apoyo de anarquistas de la isla, sino que además recibió el respaldo del movimiento ácrata internacional, y de paso el de uno de los grandes inspiradores del anarquismo místico; León Tolstoy quien desde la lejana Rusia mantuvo correspondencia con los obreros encarcelados en La Habana como resultado de los hechos.

También el interior de la isla se conmovía por la actividad de los anarcosindicalistas a penas nacida la República. En 1903 se llevó a cabo una gran huelga azucarera durante la cual fueron asesinados los anarquistas Casañas, y Sarría, por ordenes de quien entonces ocupaba el cargo de gobernador de las Villas, José Miguel Gómez y que llegaría a presidir el País por el partido Liberal entre 1909 y 1913.

Resulta interesante el hecho de que en los primeros años republicanos, el anarquismo "criollo" contara con "plazas fuertes" en las zonas de Cruces y Lajas, donde se habían radicado desde hacía años trabajadores ácratas de origen español, entre los mas cocidos: José García y Matías Palenque. El 21 de noviembre de 1902 los anarquistas salieron a las calles de Cruces, en una estampa que recordaría cualquier ciudad de la industrializada Europa. Los libertarios portaban banderas rojas, convocando a la huelga, llamando a los obreros y campesinos de la zona a la "revolución social" que según ellos se aproximaba. A mediados de diciembre de 1902 , bajo la evidente influencia del cosmopolitismo anarquista, el mulato Evaristo Landa, excombatiente del 95 y dirigente del Gremio de Braceros de Lajas, hacia circular, en ese mismo año un comunicado en el que convocaba a la unión de todos los obreros, sin tener en cuenta el lugar de nacimiento, para luchar por el aumento del mísero jornal que recibían (2 pag. 143).

En 1912 el recién fundado Centro Obrero de Cruces, convocó a un congreso, que hubo de celebrarse entre el 24 y 25 de febrero. El evento tuvo lugar bajo medidas de excepción, implantadas por el entonces Secretario de Gobernación, Gerardo Machado, quien había suspendido un día antes las garantías constitucionales para anarquistas, socialistas y para los independientes de color. Al Congreso asistieron delegados de La Habana, Matanzas, Santa Clara, Cárdenas, Cienfuegos, Remedios, Sagua, Manzanillo, San Antonio de los Baños, Cruces y Lajas.

Entre los acuerdos del Congreso anarquista, estuvo el de crear una federación nacional de trabajadores, aspiración que quedó latente en el imaginario del anarcosindicalismo cubano hasta la llegada de los años 20 con la fundación de la Confederación Nacional Obrera de Cuba.

La agitación anarquista siguió intensificándose en la región Cruces durante este año. Dos de sus líderes Abelardo Saavedra y Juan Tur, quienes habían sido deportados, regresaron clandestinamente para renovar la agitación en las fabricas de azúcar. En medio de esta actividad nació el grupo anarquista Rebelión, quien publicó a fines de diciembre un manifiesto hablándole a los obreros de las bondades de la anarquía y llamándolos a rebelarse contra el capitalismo. Como consecuencia de este documento, el gobierno anunció la existencia de un complot anarquista en toda la república y desató una ola represiva contra los libertarios, el pueblo de Cruces fue tomado por la guardia rural y se expulsaron del país algunos de los agitadores mas importantes, entre ellos Tur y Saavedra.

Cruces continuó siendo una especie de "capital" del anarquismo cubano. En los primeros días de febrero de 1915, circuló, una nueva hoja impresa con otro candente manifiesto. El documento aparecía firmado por Fernando Iglesias y otros dirigentes sindicales de 11 centrales azucareros pertenecientes a los municipios de Cruces, Ranchuelo, San Fernando de Camarones, Rodas y Cienfuegos.

El comunicado condenaba la mansedumbre conque los obreros aceptaban sus condiciones de vida y los conminaba a participar en una huelga exigiendo 8 horas de trabajo y 25% de aumento sobre el salario:

"Seamos firmes, ya que en nosotros radica la fuerza sostenedora. Seamos unidos, ya que para nosotros es el bien y, si es preciso, y si a nuestra demanda se contesta con el hierro; si se nos quiere vencer por medio de la fuerza, ya que somos constructores, seamos destructores; ya que somos sostenedores, seamos exterminadores.-

Esta vida de parias es indigna de vivir, esta vida de miserias es indigna de sostener. Luchar por un pedazo más de pan, un pedazo más de respeto y un átomo más de libertad, es justo. Morir en la contienda es digno, pues como dijo un sociólogo -O vivir para ser libres, o morir para dejar de ser esclavos- optemos por la libertad.

Desde que vea la luz este manifiesto, la lucha está entablada. Levantémonos, como un solo hombre, y que de cada ingenio surja un Comité de Huelga para después formar el Comité Central. Más tarde, las circunstancias nos aconsejaran y el tiempo señalará el fruto de nuestra lucha..." (4)

La respuesta de las autoridades fue la detención, a pocos días de circulado el manifiesto, de varios dirigentes azucareros, entre estos el propio Fernando Iglesias al que se le señalaba como jefe de los anarquistas de las Villas. Si bien el documento no logró repercusión en los centrales de la jurisdicción de Cruces, parece que si influyó en el desencadenamiento en una cadena huelguística entre los ingenios de Guantánamo durante febrero, en cuyas propagandas se hacía referencia al Manifiesto de Cruces.

Durante las primeras décadas republicanas el anarquismo, jugó un papel protagónico, en la organización de las de protesta obrera en toda la isla.

Los anarquistas estuvieron presentes en importantísimas huelgas como la de la Moneda en 1907, llamada así porque con ella los tabaqueros de La Habana reclamaban sus salarios en moneda norteamericana en lugar de española o francesa, totalmente desvalorizadas en comparación con el dólar. Esa huelga terminó con un eufórico triunfo.

El célebre semanario anarquista ¡Tierra! fue acusado de haber instigado la huelga ferrocarrilera que tuvo lugar entre septiembre de 1907 y enero de 1908, los obreros ferroviarios exigían aumentos de salario y Jornadas de 8 horas, demandas que no pudieron lograr. Otra huelga del mismo año 1908 fue la que organizaron entre enero y febrero los tabaqueros de La Habana y provincias limítrofes, conocida como la Huelga de la No Rebaja, contra los despidos periódicos, que sufrían los trabajadores del ramo en determinadas épocas, también constituyó una derrota para sus organizadores.

Los anarquistas, pese al apoliticismo de su doctrina, influyeron indirectamente en el sistema político del país, con sus acciones llevaban a los partidos a tomar conciencia de las necesidades obreras y proponer fórmulas jurídicas que mejoraran sus condiciones de vida un ejemplo de este fenómeno lo tenemos en la Ley de Arteaga, nacida como consecuencia de una huelga donde se manifestó la influencia de los métodos ácratas de acción directa y que fue organizada por los obreros del central Jagüeyal, Ciego de Ávila, en agosto del candente 1908. Se protestaba contra el pago de los salarios en vales, que solo podían emplearse en la bodega de la compañía donde la mayor de las veces faltaban artículos de primera necesidad y cuando los había eran de la pésima calidad a precios fabulosos. Es un sistema de explotación obrera muy similar al que sigue hoy en Cuba, las empresas estatales, cuando pagan al obrero con pesos cubanos, moneda cuyo real poder adquisitivo la asemeja mas a aquellas fichas conque se le pagaba a los obreros del Jagüeyal que a al dinero que, según el propio Marx, para serlo, debe tener circulación universal, algo de lo que carecen nuestros "pesos" incluso en los predios del propio Estado al que representa. De retorno a la huelga diremos que fue sofocada por la guardia rural, y sus dirigentes procesados bajo a acusación de tenencia de explosivos, amenaza, desorden público y otros delitos. Aunque el Fiscal pidió para cuatro de ellos la sanción de cadena perpetua, los encausados resultaron absuelto a los cinco meses de encarcelamiento. Como resultado de aquel hecho, un representante a la Cámara por el partido Liberal, Emilio Arteaga, presentó ante el cuerpo legislativo un proyecto de ley que prohibía el pago de salarios mediante vales, chapas o fichas de cualquier clase que tuvieran el carácter de signos representativos de la moneda. La Ley Arteaga, fue publicada en la Gaceta oficial el 24 de junio de 1909, en ella se establecían sanciones de multa y cárcel para los infractores.

Si se habla de huelgas en Cuba, a las que se vincularon los anarquistas, especialmente los de origen español no podemos dejar de mencionar la del alcantarillado de la Habana, en 1911. En ella participaron unos 1500 obreros quienes se revelaron contra las condiciones infrahumanas de trabajo, los bajos salarios, las 11 horas de labor, la falta de condiciones sanitarias y el no pago en moneda norteamericana. La huelga se perdió entre otros factores por la falta de apoyo, de organizaciones obreras cubanas, que oponían su "patriotismo" a las tesis del cosmopolitismo anarquista, aportando obreros rompe huelgas. Aquel fue un desquite de los gremios cubanos con el sentimiento de discriminación al obrero nativo que había despertado el hecho de que en las obras de Alcantarillado de La Habana el 75 % de los empleados fueran extranjeros, casi todos españoles.

Los anarquistas también apoyaron, la huelga de trabajadores de restaurantes y cafés en 1912. Aquí se destacó el huelguista Hilario Alonso. Otra huelga respaldada fue la de los constructores por las 8 horas del trabajo. Como muchos de los militantes anarquistas eran de origen español, una de las medidas mas utilizadas contra el movimiento por las autoridades fue la de la deportación.

Entre las organizaciones anarcosindicalistas mas combativas de nuestras primeras décadas se destacó el Sindicato General de Obreros de la Industria Fabril fundado en La Habana el 10 de agosto de 1917. Lo integraban obreros de las fabricas de confituras, papel, cigarro, cerveza etc., quienes organizaron importantes huelgas en su centros laborales.

Es imposible en tan breve espacio reseñar todas las huelgas que conmovieron, a Cuba por aquella época, baste decir que entre 1917 y comienzos del 20 ocurrieron mas de 220 huelgas generales y parciales. Esta forma de lucha constituyó un recurso muy utilizado por los anarquistas, quienes si bien en muchas ocasiones enfrentaron una brutal represión en otras lograron éxitos que contribuyeron a que la clase obrera cubana lograra un estándar de vida, envidiables para los trabajadores de otros países. Los triunfos sociales del proletariado cubano pueden ser considerados como parte de los elementos que estimularon la continua inmigración de obreros hacia Cuba, no solo de la cuenca caribeña, si no incluso de la propia Europa, especialmente de España.


Anarquismo versus reformismo

Durante esta época el anarquismo se convirtió en un verdadero obstáculo contra la influencia de ideas reformistas dentro del sector obrero. La tradicional propaganda apoliticista desplegada por los ácrata es uno de los motivos por los que a principios de siglo dieran al traste diversos intentos del reformista social Diego Vicente Tejera para la creación dos organizaciones políticas obreras de corte social demócratas; el Partido Socialista Cubano (1989) y el Partido Popular (1900)(2 pag. 146-143)

Otro boicot anarquista contra las aspiraciones organizativas de los pioneros de la social democracia cubana lo tenemos durante el Congreso Obrero de 1914. En enero de ese año se había constituido en la capital de Cuba, la Asociación Cubana para la Protección Legal del Trabajo, de su seno, surgió la idea de organizar un Congreso Nacional Obrero, para el cual se logró un donativo de 7000 pesos por parte del Ayuntamiento de La Habana y un subsidio del poder legislativo que ascendía a los l0000 pesos. El Congreso se celebró entre e el 28 y 30 de agosto. Las agrupaciones anarquistas consideraron al evento como un acto de colaboracionismo de clases y organizaron paralelamente manifestaciones en La Habana demandando de que los 17000 pesos tomados de los fondos públicos para ese Congreso se destinaran a ayudar a los obreros desplazados por el cierre de fabricas tabacaleras como consecuencia del primer conflicto bélico mundial (la guerra había interrumpido las exportaciones de tabaco a Europa). Con sus manifestaciones los ácratas robaron la atención pública de un encuentro cuyo matiz reformista se evidenciaba al compararse sus demandas de claro tiente social demócrata, con las anarquista que caracterizaron al Congreso Nacional Obrero de 1892, en pleno despotismo español. Por otra parte se evidenció que el Congreso de 1914 había sido convocado como plataforma para crear, a penas concluido, el Partido Democrático Social, cuya directiva que coincidía en términos generales con la del propio Congreso: Presidente, el abogado y profesor Francisco Carrera Justís y Secretario general el obrero Antonio Castell. Cual sí fuera poco para ganarse el repudio anarquista, el Congreso Obrero de 1914 sumaba al subsidio estatal la presencia en inauguración de personeros gubernamentales: el Secretario de Justicia; Doctor Cristóbal de la Guardia (delegando personalmente por el presidente de La república, Mario García Menocal), el Secretario de Agricultura Comercio y trabajo; General Emilio Nuñez, y el Alcalde de La Habana; Doctor Fernando Freyre de Andrade. Los libertarios no se dejaron apaciguar por el hecho de que el Congreso debatiera muchos de los temas que preocupaban a las organizaciones anarcosindicalistas: la condena de la guerra mundial, la necesidad de eliminar la desigualdad de derechos entre el hombre y la mujer, o que se aprobaran propuestas encaminadas a mejorar las condiciones de vida del proletariado cubano: la de modificar los aranceles para facilitar la vida del trabajador, la de estimular la industria nacional, la de crear una secretaría del trabajo en el gobierno y cátedras universitarias de derecho obrero, la de ayudar económicamente al repatriamiento de los cubanos emigrados a la Florida, o la de estimular las cooperativas de consumo y sociedades de asistencia. Entre las figuras anarquistas destacadas por su repudio al Congreso Nacional Obrero de 1914 despuntó Alfredo López Arencibia, miembro de la de la Asociación de Tipógrafos, quien con el tiempo se convertiría en el líder nacional obrero mas importante de la época que analizamos.

En febrero de 1920 fue difundido por diferentes periódicos cubanos un manifiesto de la reformista Confederación Obrera Pan-Americana, que se dirigía a todos los obreros del continente para que enviaran delegaciones nacionales a un Congreso Panamericano Obrero que tendría lugar en México durante el 12 de julio. La única organización cubana que aceptó dicha invitación fue la Federación de Torcedores de las Provincias de La Habana y Pinar del Río lidereada por el reformista José Bravo Suarez, quien lanzó una convocatoria a todos los gremios y colectividades proletarias del país para que enviaran sus delegados a un nuevo Congreso Nacional de Trabajadores que comenzaría sus sesiones el 14 de abril en el Centro Obrero, ubicado en Ejido 2, altos, La Habana. El objetivo de la convocatoria era el de discutir la carestía de la vida y el envío de delegados a la Convención Panamericana de Obreros, que se celebraría en México en julio. En este caso, los anarquistas, siguieron una estrategia distinta a la adoptada durante el congreso de 1914. En lugar de combatir el reformismo desde afuera, los anarcosindicalistas decidieron batirlo desde adentro, participando en el nuevo Congreso e influyendo en sus declaraciones y acuerdos.

Desde el inicio los anarquistas ocuparon puestos claves en la dirección del evento, teniendo como secretario de la mesa provisional a Alfredo López y a Marcelo Salinas, el segundo destacado ideólogo libertario al que rodeaba una aureola por su participación en sonadas acciones anarquistas en España. El congreso se caracterizó por el crudo enfrentamiento entre las posiciones ácratas y las reformistas. El saldo favoreció a los anarquistas quienes lograron echar a abajo la propuesta de Bravo para que los trabajadores cubanos enviasen una delegación al III Congreso Obrero Panamericano de México, en cambio se envió un saludo del Congreso a la Rusia Roja, que por entonces significaba para muchos anarquistas un ejemplo de redención y justicia. Otro fruto que pudieron cosechar los anarquistas en aquel evento, cuyo signo originalmente reformista lograron invertir hacia posiciones radicales, fue el del nacimiento del La Federación Obrera de La Habana, paso previo para la creación de un sindicato nacional. Las dos organizaciones estarían dirigidas por el célebre Alfredo López.

La Federación Obrera de la Habana, se constituyó el 15 de septiembre de 1921 con la aceptación por parte de diecisiete organizaciones obreras de un reglamento cuyo artículo primero se sustentaba la lucha de clases, la acción directa y el rechazo colectivo a la actividad electoral.(5)


Actividad social de los anarquistas: el movimiento de Cooperativas libertarias en Cuba

El anarquismo en Cuba, como en otros muchos lugares, no constituye solamente un movimientos de reivindicaciones económicas a los dueños del capital, su incidencia social va mas allá, alcanzando terreno de la ilustración cultural, y el de la búsqueda de formas alternativas de organización económica que solucionasen los problemas de los sectores menos favorecidos del país. Desde el siglo pasado los anarquistas mantenían una febril actividad socio cultural, auto sustentada al margen de cualquier poder financiero o político. En las primeras décadas del siglo XX, los libertarios cubanos publicaron innumerables periódicos y semanarios que además de reflejar los intereses y preocupaciones proletarios, ilustraban a sus lectores sobre los mas diversos aspectos de la vida, la filosofía, el arte, la literatura y la naturaleza. Entre estas publicaciones podemos mencionar: Nueva Aurora, Labor Sana, El progreso, Voz del Dependiente, El productor panadero, Nueva Luz, Proteo, El Libertario, La Batalla, Nuevos Rumbos, Vía Libre, Voz Rebelde, Solidaridad, Memorándum Topográfico, etc. Gracias a ellas los artesanos cubanos se mantenían al tanto de los causes que tomaba el pensamiento anarquista universal, teniendo a su disposición textos clásicos como los escritos por Bakunin, Elisée Reclus y el ya nombrado Malatesta.

Entre las actividades educativas importantes de los anarquistas debe señalarse el estimulo ofrecido por la Federación Obrera de la Habana, dirigida por Alfredo López, a la creación de escuelas racionalistas como la que funcionaba en El Centro Obrero de la Habana y a la que asistían los hijos de los obreros en horario diurno y los trabajadores en el nocturno. Dentro de esta labor ilustradora se destaca la colaboración entre libertarios y estudiantes de izquierda, que dio lugar a la Universidad Popular José Martí. Una hazaña si tenemos en cuenta la falta de recursos con que contaban los anarquistas.

Gracias al anarquismo nació y creció Cuba un autentico movimiento cooperativo, caracterizado por sus métodos de auto gestión y democracia directa que lo hacen incomparablemente superior, incluso desde un punto de vista socialista, al que establecieran los comunistas tras la revolución de 1959. En aquellas sociedades los obreros pagando una mínima suma al mes, tenían acceso a innumerables actividades culturales de tiempo libre, cuidados médicos y otros servicios. El movimiento cooperativo, en el que participaban miles de obreros y campesinos cubanos, incluía diversas ramas, entre ellas las de consumo y la construcción de vivienda. A través de este movimiento se manifiesto la temprana influencia anarquista en nuestros campos, donde los libertarios fundaron la primera organización de agricultores de nuestra historia: La Federación Campesina de Cuba en 1915. Los anarquistas rurales desarrollaron cooperativas por toda Cuba; en San Cristóbal, Los Palacios, Pinar del Río, Ventas de Casanova, Santa Lucia, siendo la mas célebre Realengo 18 conocida nacionalmente por los reportajes que dedicó el periodista Pablo de La Torriente Brau a sus enfrentamientos armados contra el estado. Entre los numerosos y activos anarquistas del campo podemos mencionar a Laureano Otero, Manuel López, José Lage, Benjamin Janeiros, Luis Meneses, Marcelo Salinas, Modesto Barbieto, Sabino Pupo Millan, Niceto Pérez y muchísimos más, quienes entre 1918 y 1925 tuvieron influencia prácticamente exclusiva entre los trabajadores de la tierra y los entre los obreros azucareros.

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