Liderazgo Obrero en Cuba durante la segunda
mitad del siglo XIX:
del liberalismo integrista al "anarco-separatismo"
Carlos M. Estefanía
Saturnino Martínez, el ilustrador
de los obreros.
El primer líder proletario en Cuba no fue
socialista, ni tampoco un hombre nacido en la isla. Se llamó
Saturnino Martínez: asturiano, integrista, miembro por demás
del "Cuerpo de Voluntarios"*. Pese a ello, la clase cubana
guarda una deuda de gratitud con este peninsular.
Saturnino emigró a Cuba siendo muy joven
y allí se dedicó, entre otros oficios, al de tabaquero.
Si bien conservador ante el problema del separatismo, aquel hijo del
Asturias se dejó influir por el pensamiento liberal de personalidades
cubanas progresistas como Nicolas de Azcárate, presidente del
Liceo de Guanabacoa y miembro de la ilustre Sociedad Económica
de Amigos del País. Sería en la biblioteca de dicha institución
(donde trabajaba como bibliotecario después de realizar su jornada
artesanal) el lugar en que Saturnino se "contaminaría"
con las ideas de progreso e iluminismo sustentadas por lo más
avanzado del patriciado criollo. Así como en Europa, las conquistas
del liberalismo sirvieron de "paraguas" contra la intolerancia
bajo cuyo abrigo se desarrollaron corrientes socialistas, en Cuba este
mismo "abrigo" ilustrador le permitirá a Saturnino
Martínez fertilizar un campo, mediante la creación de
periódicos, bibliotecas y asociaciones obreras, en el que se
sembrarían, posteriormente, las doctrinas más radicales
de cuantas se hayan comprometido con los proletarios. Martínez
le abrió las puertas de la conciencia social obrera, quizás
no siempre por su voluntad, a movimientos que buscaron la mejoría
del trabajador, ya por vía de la reforma política, ya
por la de la revolución contra el Estado. Al hacer todo lo posible
por elevar el nivel cultural del trabajador, Martínez destapaba,
sin querer, en una sociedad convulsa por la conspiración independentista,
la "Caja de Pandora". Saturnino Martínez fue un precursor
en la denuncia de las pésimas condiciones de vida que durante
la etapa colonial padecía el emergente proletariado cubano, pero
lo hizo siempre desde una posición conservadora, apelando como
solución a los sentimientos de la ética cristiana y evitando
que se identificara su crítica con la que provenía de
los enemigos del régimen colonial. El año 1865 constituye
el despunte de la actividad de Martínez, bajo su inspiración
se iniciaría la lectura en las tabaquerías y se funda
"La Aurora" (el primer periódico obrero de nuestra
historia). A mediados de ese mismo año creó la Asociación
de Tabaqueros de la Habana (1).
Un visitante "peligroso" en la
Isla: Las ideas anarquistas
Se puede decir que de manera sutil y comenzando
por el proselitismo a favor de las cooperativas, se irán difundiendo
las ideas anarquistas en Cuba. El primer canal para ello, "la carrilera"
como le llamarían las autoridades de hoy, lo constituyó
precisamente, el semanario "La Aurora", dirigido por el cauteloso
Saturnino. Desde allí se divulgan las ideas de un clásico
de este pensamiento, el francés Proudhon, quien se hace muy conocido
entre los miembros más "politizados" de las primeras
asociaciones de cajistas, jornaleros y artesanos.
Las experiencias de la Guerra de los Díez
Años y de La Guerra Chiquita en 1879 de alguna manera debieron
contribuir a radicalizar los modos de acción obrera. Si bien
la capitulación mambísa significó entonces una
derrota para los independentistas, aquellos alzamientos tuvieron que
dejar alguna huella entre los proletarios cubanos, quienes comenzaban
a recepcionar una doctrina donde se les representaba en el puesto de
"esclavos asalariados". El modelo que ofrecería las
primeras gestas "libertarias" (como suelen llamar en Cuba
), destinadas a sustituir al Estado de la Colonia por el de la República
en Armas, así como las tradicionales fugas y apalencamientos
de esclavos, al margen de toda ley, constituían buenas "imágenes"
para incendiar el espíritu libertario latente entre los obreros
de Cuba. Ellas serían utilizadas con efectividad por los líderes
anarquistas. Fue por la vía del levantamiento armado que se lograron
importantes reformas sociales, como la abolición de la esclavitud
a través de la ley del patrono y numerosas concesiones políticas
de carácter liberal. El hábito de tomar la lucha antiesclavista
en Cuba como ejemplo para caldear el ánimo proletario se manifiesta
claramente en unas palabras pronunciadas por el líder ácrata,
de origen catalán, Enrique Messonier, durante el Congreso Regional
Obrero de Cuba en 1892: "No se consigue nada suplicando. El amo
que libera al siervo es porque se le subleva, no porque se le humille.
Los esclavos negros que consiguieron su libertad fueron los que sublevaron"
(4-pags. 81-82).
Los anarquistas hegemonizan el movimiento obrero
La década de 1880 fue de efervescencia anarquista
en Cuba. La llegada de nuevas olas migratorias provenientes de la metrópolis
trajo como resultado una acelerada diseminación de ideas socialistas
entre los trabajadores cubanos. Es bueno aclarar que en ese momento,
el concepto de "socialismo" más difundido en España,
era el que se basaba en los principios anarquistas de Bakuin. Este fenómeno
tenía sumamente preocupado a Carlos Marx, quien le había
encargado a su yerno , Pablo Lafargue (nacido en Cuba y mestizo para
mayor signo de criollez) , la tarea de contrarrestar entre los españoles
el influjo de las ideas del antiguo contrincante ruso en el interior
de la Ira Internacional (5-pag. 47).
Pese a tener los cubanos un pariente en la familia
de Marx, por ironías de la historia, no serían las concepciones
del socialismo de Estado, las primeras que hegemonizarían el
imaginario de nuestro "artesano". Los obreros cubanos de entonces
, quizás con mejor instinto que sus descendientes del siglo XX,
preferían guiarse por las concepciones del socialismo libertario
que llevaron a los acuerdos del II Congreso Regional de la Federación
de los Trabajadores de la Región Española, celebrando
en Sevilla el 24 de Septiembre de 1882 (4-pag. 54).
Por aquel tiempo surgen en la isla nuevas publicaciones
proletarias; entre las de clara tendencia anarquista tendremos: "El
Obrero", lanzada en 1885 por el tipógrafo Eduardo Pineda
y que fue durante algún tiempo órgano del Círculo
de Trabajadores de La Habana. Esta organización había
sido creada el mismo año, el 6 de Febrero. Entre los fundadores
se encontraban conocidos dirigentes anarcosindicalistas de diferentes
gremios, entre ellos Enrique Messonier y su tocayo Enrique Crecci. Ellos
serían también responsables de la fundación en
1887 de la primera Federación Local de Tabaqueros entre los obreros
cubanos inmigrados a Tampa y Cayo Hueso.
El Círculo de Trabajadores de la Habana
tenía como propósito dar instrucción laica a los
obreros, establecer bibliotecas, alejar a los "productores"
de la política y borrar en ellos toda noción de raza,
nacionalidad y jerarquía. La actividad proselitista inspirada
por el Círculo estimuló la creación de varios grupos
ácratas en diferentes puntos de la isla, especialmente en La
Habana y en la región central.
Otro elemento que contribuyó a la difusión
de las ideas anarquistas en Cuba fue el periódico proveniente
de España: "La Tramonta". Los ejemplares llegaban a
La Habana en cantidades considerables, para luego distribuirse en los
términos municipales de Santiago de las Vegas, San Antonio de
los Baños y Batabanó. No solamente llegaban "papeles"
cargados de ideas anarquistas, a veces también individuos bastante
belicosos, capaces de mantener a raya a todo un ejército de la
Guardia Civil, como es el caso de un catalán muy buscado por
la policía, Valero Bardejí, quien llegó a La Habana,
en 1884. Luego de establecer contactos con su compatriota Enrique Messonier,
Bardejí organizó grupos anarquistas de "acción
directa", algunos de los cuales llegaron a agrupar hasta 19 miembros,
dando bastante que hacer a las autoridades en la isla.
A finales de 1886 se destacará la figura
más prestigiosa del anarquismo en Cuba. Se trata del carismático
Enrique Roig San Martín. Había nacido en La Habana en
1843, hijo de una cubano, profesor de cirugía, y de madre mexicana.
En 1880 se hace tabaquero y se interesa por las ideas autonomistas hasta
que conoce en 1882 la prédica anarquista, de la que llegaría
a ser un verdadero "apóstol" hasta el final de su vida.
Enrique Roig San Martín asumió el cargo de redactor del
"Boletín del Gremio de Obreros", un órgano de
los tabaqueros creado por la mencionado Saturnino Martínez. Luego
Roig San Martín fundaría el más "beligerante"
de cuantos seminarios obreros se conocieron en La Habana; "El Productor"
(1887). Aquel instrumento de agitación obrera estuvo en manos
de Enrique Roig hasta el momento de su muerte, acaecida el 29 de agosto
de 1889. El sepelio constituyó una muestra de popularidad y del
respeto que por Roig San Martín sentía, no solo el artesanado,
sino también buena parte de la sociedad, que veía en el
publicista un hombre idealista e incorruptible. Su prematura desaparición
restaba uno de los "tres Enriques" del anarquismo en Cuba
(Roig, Messonier, Crecci). A pesar de ese duro golpe, el que hacer de
los socialistas libertarios continuó en ascenso en la colonia
caribeña.
Fue tan destacada la actividad del periódico
dirigido por Roig San Martín en la defensa de los obreros cubanos,
que en 1888 la Junta Central de Artesanos de La Habana nombró
a "El Productor" su órgano oficial. Desde allí
se propagaron con total radicalismo y sin eufemismos de ninguna clase
los conceptos claves del anarcosindicalismo: su rechazo a la actividad
política, el nihilismo nacional, la negación absoluta
del Estado, etc. Esta actividad contribuyó a alejar a los obreros,
por el momento, tanto de la propuesta independentista predicada por
Martí, como de las concepciones de un socialismo autoritario
proclamado por los veneradores de Carlos Marx en Europa. "El Productor"
no sólo fue un medio de propaganda, sino también un instrumento
de acción obrera. A través de la organización ácrata
"Alianza", el periódico "monitoreó"
varias huelgas, entre ellas, la primera que se efectuó en el
giro tabacalero y que fue ganada por los obreros en diciembre de 1887
(1). Enemigo de todo concepto de nacionalidad, "El Productor"
fue al mismo tiempo en verdad promotor de solidaridad proletaria por
encima de las fronteras. Conmemoró cada aniversario de la Comuna
del País como fecha de todos los trabajadores del mundo y desató
una poderosa campaña de protesta para lograr la modificación
de la sentencia de muerte dictada por los tribunales norteamericanos
contra los anarquistas enjuiciados por los sucesos de mayo de 1886 en
la Plaza de Haymarket, en Chicago, donde una bomba, supuestamente preparada
por los acusados, había explotado entre las piernas de un policía.
El 2 de octubre de 1887 los anarquistas cubanos crearon el Comité
de Auxilio con el objetivo de apoyar la causa de la libertad de los
ocho sentenciados. Entre las multiples actividades del Comité
estuvo la convocatoria a una gran asamblea, con el objetivo de solicitar
al Gobernador de Illinois el indulto para los obreros procesados. El
encuentro se efectuó el 8 de noviembre en el Circo Jané
y contó con una participación masiva para la época,
asistieron más de 2000 trabajadores. Allí se leyeron adhesiones
recibidas de varia localidades, provenientes de gremios de litógrafos,
tabaqueros, mecánicos, escogedores, cocheros, cajoneros, panaderos,
cigarreros, planchadores, zapateros, mecánicos y sastres.
Entre agosto y noviembre de 1887 se efectuaron
una serie de reuniones en el local del Círculo de Trabajadores,
sito en Dragones 39, que se conoce como el primer "Congreso Obrero"
en la isla, propiciado por la recién fundada Federación
de Trabajadores de Cuba, de orientación socialista revolucionaria
(anarquista). Entre los temas discutidos estaban el auxilio a los encartados
en los hechos de Chicago. Allí se llegó al importantísimo
acuerdo, desde el punto de vista de los intereses obreros, de organizar
sus colectividades haciendo desaparecer los vestigios de autoridad,
mediante pactos federativos y tomando como base los de la Federación
Española. También se acordó implementar formas
cooperativas de vida, proscribiendo en el seno de las colectividades
toda doctrina que no fuese la de la emancipación económico-
social (en sentido ácrata) y la confraternidad entre todos los
productores de la tierra (3-pags. 25-33).
En 1888 estalló, la guía de "El
Productor", otra importante huelga en la rama tabacalera en la
que se paraliza la industria. Desde Cayo Hueso los obreros anarquistas
enviaron dinero y recursos a sus compañeros de la isla, quienes
pese a esta ayuda fracasan (1).
Celebración del 1ro de mayo, Cuba entre los primeros
países del Europa y América
Pocos saben que por ímpetu de los anarquistas
cubanos nuestro país estuvo entre el reducido de los que celebraron
en 1890 (por primera vez en la historia) la jornada internacional del
Primero de Mayo. La actividad mundial se había acordado por el
Congreso celebrado en París en julio de 1889 que dio vida a la
2da. Internacional (en el que participa el cubano Lafargue). Allí
se haría un llamado para organizar una gran manifestación,
en fecha fija, donde los obreros emplazaban a los poderes públicos
exigiendo la reducción de la jornada laboral a ocho horas de
trabajo. A pesar carácter socialdemócrata de los promotores
extranjeros, el anarquista Círculo de Trabajadores de La Habana
tomó la iniciativa de organizar dicha conmemoración también
en Cuba. Esto no debe extrañarnos si tenemos en cuenta que se
apelaba a una fecha en que se recordarían a los mártires
del anarquismo por cuyas vidas tanto habían luchado sus correligionarios
cubanos. El 20 de abril el Círculo de Trabajadores convoca a
una manifestación pública pacífica que mostraría
a las clases elevadas, al gobierno y a la sociedad en general cuáles
eran las aspiraciones de las masas obreras en Cuba.
En el desfile participaron unos 3000 trabajadores.
Se partió del antiguo Campo de Marte, (hoy Parque de la Fraternidad),
pasando por las calles Reina, Galiano, San Rafaely Consulado y se concluyó
en el Skating Ring, salón de entrenamientos ubicado en la esquina
de Virtudes y Consulado. Los oradores, cerca de 15, denunciaron las
condiciones de miseria y explotación en la que vivían
los obreros cubanos de entonces, abogaron por las jornadas de ocho horas,
por la igualdad de blancos y negros, por la destrucción del orden
social vigente y por la creación de una patria universa. Resulta
paradójico compara la libertad de expresión existente
en este momento de la Cuba colonial, con el que prevalece en la Cuba
"socialista de hoy". En aquel tiempo los sindicalistas, mientras
no pasaran a la acción armada, podían decir todo lo que
querían sobre la abolición inmediata del Estado; hoy,
la más tímida a la libre sindicalización o a la
democratización estatal, se paga con la cárcel u ostracismo
social.
Pero regresemos al pasado. En 1891 el gobierno
colonial español autorizó nuevamente la celebración
del Día de los Trabajadores, pero limitó el evento a una
asamblea en un local cerrado, el teatro Irijoa (hoy Martí). Los
representantes de la Corona española en Cuba daban de ese modo
mucha más garantía a los ácratas, que las que el
gobierno comunista otorgó a los reprimidos organizadores del
Concilio Cubano en 1994 (es inevitable la comparación). Entre
los acuerdos adoptados en este acto por aquellos "disidentes"
del pasado siglo estaba el de la convocatoria a un nuevo Congreso Obrero
Regional de cuyo cumplimiento se encargaría el Círculo
de Trabajadores.
Pero no todo lo que hacían los anarquistas
cubanos estaba dentro de la ley. Durante esta misma época fueron
juzgados once libertarios acusados de apuñalar a un obrero reformista
del que se sospechaban vínculos con la policía. A pesar
de que los obreros fueron absueltos se desató una escalada represiva
contra el movimiento ácrata que trajo por consecuencia la suspensión
temporal de "El Productor", que saldrá a la calle nuevamente
en 1892 (aún no existían leyes Antídoto-Mordaza).**
Se prende la mecha
Del 15 al 19 de enero se efectuó el Congreso
Regional Obrero de la Isla de Cuba. El término regional obedecía
a que el movimiento obrero en Cuba se consideraba parte orgánica
del de España. La convención tuvo lugar en el local del
Centro Gallego de la Habana, sito en Prado y Dragones, y contó
con la participación de 74 delegados. Allí fueron discutidos
libremente (sin la orientación de un Partido) los temas que naturalmente
inquietaban a los sectores proletarios de entonces, como son: la jornada
de ocho horas, el derecho a huelga, las formas de organización,
la igualdad racial, el problema de la mujer, el trabajo infantil. La
particularidad del evento estuvo dada por el debate entre los trabajadores
afines al separatismo y los obreros, "cosmopolita", o "antibelicistas",
que mantenían una posición más bien neutral con
respecto al problema de la independencia de Cuba. Esta segunda posición
se deja traslucir en estas palabras del delegado Eduardo González:
"...yo, que soy enemigo del integrista como del separatista, estrecho
sus manos cuando hay que ponerse enfrente del burgués" (4-pag.
83).
Al final la balanza se inclinó hacia los
que sustentaban la idea de que el anarcosindicalismo cubano debía
ser menos ortodoxo en su ideología antinacionalista y respaldar
las actividades de los que luchaban por la emancipación de Cuba.
Por mayoría fue aprobada la siguiente moción:
1ro- El Congreso reconoce que la clase trabajadora
no se emancipará en tanto no abrace las ideas del socialismo
revolucionario y, por tanto, aconseja a los trabajadores en Cuba el
estudio de dichas ideas para que, actualizándolas, puedan apreciar,
como aprecia el Congreso, las inmensas ventajas que estas ideas proporcionan
a toda la humanidad al ser implantadas.
2do- "Que si bien hace la anterior afirmación
en su sentido más absoluto, también declara que la introducción
de estas ideas en la masa trabajadora de Cuba, no viene, no puede venir
a ser un nuevo obstáculo para el triunfo de las aspiraciones
de emancipación de este pueblo, por cuanto sería absurdo
que el hombre que aspira a su libertad individual se opusiera a la libertad
colectiva de un pueblo, aunque la libertad a que ese pueblo sea a esa
libertad relativa que consiste en emanciparse de la tutela de otro pueblo"
(3-pag. 44) (la cursiva es nuestra).
Entre los firmantes aparecían Enrique Crecci,
quien caería años después en la manigua luchando
como mambí, también firmaba Messonier, el único
de los "tres Enriques" que sobrevivió a la colonia.
La creación del Gobernador Civil de la Provincia,
Francisco Cassá, no se hizo esperar. Este dispuso la detención
de los firmantes de la propuesta aprobada y la suspención del
Congreso.
En el oficio, firmado el 20 de Enero y enviado
por el funcionario al Presidente de la Junta de Artesanos, se justificaba
la cancelación por: "...considerar que la mayor parte de
sus acuerdos, particularmente los aceptados y aclamados en la noche
de ayer, tienden directamente a implantar y llevar a ejecución
los procedimientos del socialismo revolucionario, mediante actos que
revisten caracteres de delitos contra el orden social y político
existente" (3-pag. 45).
Resulta curioso el hecho de que fuera el periódico
liberal cubano "La Discusión", uno de los que mayor
cobertura le diese a aquel evento, sirviéndole de fuente a los
historiógrafos marxistas-leninistas (entiéndase oficiales)
para evaluar aquel audaz congreso del anarquismo criollo. El mismo día
21, "La Discusión" publicaría un comentario
titulado "Libertad para los obreros", donde se manifiesta
la inconformidad del autor con el proceso judicial abierto contra los
ácratas y se recuerda que su proposición repetía
otras votadas en países europeos, entre ellos la propia España,
por lo que nadie había sido enjuiciado.
Suspendido el Congreso las autoridades desataron
una nueva ola represiva, cerraron los medios de expresión anarquistas
encarcelando y deportando a sus líderes más relevantes
(2).
Amen de la benévola defensa de los ácratas
que hace el periódico "La Discusión", hay que
reconocer que en la moción que citamos, el congreso transgredía
todos los límites del juego "político" que estaba
dispuesto a permitir el poder colonial en la Isla. Precisamente aquí
reside la particular importante del evento. Este es el momento en que
públicamente se rompe la dicotomía entre el movimiento
obrero y el independentista. La gobernación española en
Cuba no podía permitir que se aliaran, como se pretendía
en el Congreso, aquellos levantiscos anarquistas y los seguidores del
liberalismo revolucionario de José Martí. Se le podía
perdonar a los libertarios sus demandas sociales, pero abogar por la
independencia, en tiempos de "tregua fecunda", ya era demasiado.
En este punto de nuestra historia se cierra un ciclo dentro de la evolución
del liderazgo obrero en Cuba que se había iniciado con la actividad
publicista desarrollada por Saturnino Martínez, aquel astur liberal
e integrista, y culminaba con un congreso que, en medio del debate sobre
temas de gran conflictividad social, tendían un puente entre
anarquismo e independentismo. Esta "concesión" de los
anarquistas cubanos hecha en vísperas de la nueva y última
gesta separatista, constituye una muestra, tanto de su flexibilidad
como de las particulares condiciones socio-históricas en las
que hubo de nacer y crecer el movimiento libertario en Cuba.
Bibliografía y Referencias:
1-"Aclaraciones", Editora Política,
La Habana, 1964.Frank Fernández,
2- "Cuba, Los Anarquistas y La Libertad I", Semanario CNT,
España, marzo de 1994.
3-Evelio Tellería, "Los Congresos Obreros en Cuba",
Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1973.
4-Elsa Pérez Guerra (editora), "Historia del Movimiento
Obrero Cubano 1865-1958", tomo I, Editora Política, La Habana,
1985.
5- San Dolgoff,"Den Kubanska Revolutionen Ur ett Kritisk Perspektiv",
AB Federativ, Stockholm, 1982.
* Aquella organización paramilitar,
que al estilo de las Brigadas de Acción Rápida de hoy,
creaba cierta imagen de respaldo público al despotismo imperante.
** Así es como se conoce la nueva ley que persigue en Cuba a
los periodistas independientes.
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