Exilio y sombras (1962-1980)
Frank Fernández

Capítulo V de "El Anarquismo en Cuba"


Aunque ya a mediados de 1960 algunos anarquistas, comprometidos o no con la oposición violenta, habían marchado al destierro, no fue hasta el verano de 1961 en que colectivamente se inició el éxodo en dirección a los EE.UU. No era la primera vez que los anarquistas se refugiaban en este país. Ya desde el siglo pasado, como se ha comprobado, Tampa, Cayo Hueso y Nueva York habían sido los lugares escogidos por estos perseguidos, donde tenían mejor oportunidad de ganarse el sustento que en cualquier otro sitio, además de la cercanía necesaria para continuar la lucha. Durante las dictaduras de Machado y Batista el exilio había marchado a los mismos lugares; existían además contactos con otros grupos de anarquistas residentes en los EE.UU.

Las leyes de inmigración de los EE.UU. se habían endurecido contra los anarquistas durante los años veinte, y todavía eran vigentes como recuerdo a una persecución injusta por parte de las autoridades norteamericanas que les impedían la entrada al país a los ácratas extranjeros. Ignoramos cómo el Departamento de Justicia de los EE.UU. hizo una excepción con los libertarios cubanos. Suponemos que se consideraba equivocadamente a éstos como enemigos de sus enemigos y, por lo tanto, aliados potenciales. Lo cierto fue que, preguntados casi todos los nuevos refugiados por su filiación política, ningún libertario negó su condición de tal, y curiosamente se les permitió la entrada y residencia en los EE.UU. como paróleos, es decir, temporalmente.
Por otra parte, y como en casos anteriores, era raro encontrarse por esos años a algún refugiado cubano que pensara permanecer en este país por mucho tiempo. Todos los recién llegados, incluidos los libertarios, estaban convencidos de que el retorno era cercano y se planeó una estrategia anticastrista a corto plazo, lo que constituyó un visible error de cálculo. En el verano de 1961, en Nueva York quedó constituido formalmente el Movimiento Libertario Cubano en el Exilio (MLCE) por un grupo no muy numeroso de anarquistas exilados en esa ciudad. Por esas mismas fechas y con el mismo propósito, se organizó en Miami otro grupo libertario, entre los que se encontraban Claudio Martínez, Abelardo Iglesias y Rolando Pinera entre otros, y que fue conocido como la Delegación General. La llamada Sección de Nueva York, casi todos procedentes del Sindicato Gastronómico, estaba compuesta por Juan R. Alvarez, Floreal y Ornar Diéguez, Bartolo García, Fernando Gómez, Manuel Rodríguez y Juan Fidalgo. Este último estableció los primeros contactos con los libertarios españoles radicados en Boston a través del compañero Gómez, agrupados en el Club Aurora. Funcionaba también por aquellos años otro grupo de españoles en Nueva York orientados por J. González Malo, alrededor de un antiguo vocero ácrata, Cultura Proletaria, con los cuales se inició una relación amistosa.

Pero, sin lugar a dudas, la cooperación y la solidaridad que principalmente recibieron los libertarios procedía del grupo anarquista llamado Libertarian League (Liga Libertaria), orientados por Sam Dolgoff y Russell Blackweil. Este último había sido combatiente en la Guerra Civil española y tenía una notable responsabilidad dentro del anarquismo norteamericano, a pesar, o quizás por eso mismo, de su procedencia trotskista. Sam Dolgoff era en esos momentos una de las figuras más respetadas en los medios ácratas de Norteamérica y poseía una larga trayectoria revolucionaria, además de ejercer gran influencia dentro de la llamada izquierda norteamericana. Siempre a su lado y a veces al frente, no podemos olvidar a su compañera Esther Dolgoff, mujer dedicada desde su juventud a la lucha social y a la libertad del proletariado en los EE.UU. En este grupo, además colaboraba Abe Bluestein, otra figura que también se identificó con los cubanos. Este sector anarquista había fundado en 1954 la citada Liga Libertaria, y tenía como vocero un boletín llamado Views and Comments. Sin la colaboración de todos los componentes de esta asociación anarquista, la labor de los cubanos hubiera sido mucho más difícil.

En agosto de 1960 se había publicado en Santiago de Chile un panfleto de 16 páginas firmado por la Federación Anarquista Internacional titulado Manifiesto de los anarquistas de Chile sobre la Revolución Cubana ante los imperialismos yanqui y ruso, donde denunciaba el castrismo por primera vez a nivel hemisférico y que coincidía plenamente con el documento que se había originado en La Habana publicado por los libertarios. Este trabajo, que es poco conocido debido a la pobre distribución que tuvo y al sabotaje de que fue víctima por parte de los marxistas chilenos, ya dejaba aclarada la posición de los anarquistas con respecto al castrismo. El Manifiesto quedó enterrado en las sombras del misterio.

Ya por esa época se iniciaron las colectas entre los compañeros anarquistas de los EE.UU., México, Chile, Argentina y casi toda Europa con el objetivo de conseguir visas y pasajes para sacar a sus compañeros comprometidos dentro de Cuba y/o a sus familiares. Las condiciones de vida por esos años para los enemigos del régimen son inenarrables, sobre todo para los que tuvieron que sufrir el presidio político más feroz que conoció Cuba. Tuvieron que adaptarse a condiciones infrahumanas y soportar las torturas de que a diario eran víctimas a manos de sus verdugos, cubanos como ellos y en nombre del socialismo. La idea de escapar de esa gran mazmorra que era Cuba se convirtió en una obsesión para todos los cubanos.

Las colectas que se hicieron en ese mes de agosto sumaron un total de $2.088, cantidad considerable en esos años, y fue el detonador que produjo la explosión del documento de Gaona (DDG) en diciembre. Estos fondos, según la contabilidad que llevaba el tesorero del MLCE, Claudio Martínez, de acuerdo con los archivos existentes, provenían de varias fuentes; por ejemplo, citamos los componentes del Freie Arbeiter Stimme (La Voz Libre del Trabajo), una publicación anarquista en Yiddish de Nueva York donaron $425.

La Kropotkine Branch, una organización libertaria con sede en California, cuya sección neoyorquina se denominaba Workermen's Circle, aportó $300. De la Argentina se enviaron $601,30 recolectados por la SAI. A modo personal colaboraron: H. Rüdiger, de Estocolmo, con $387,80; André Germain en Chile envió $42,00; Souchy, de Alemania, $55,00; Luis Mercier, de Francia, $50,00 y de Holanda, aclarando que la donación era por motivos humanitarios y que su simpatía se mantenía con la revolución cubana, A. de Jong enviaba $144,78. Comenzaba la confusión europea con relación a los anarquistas cubanos y el gobierno de Castro.

Esta colecta sirvió para traer a los EE.UU. a más de 66 personas entre compañeros y familiares, al mismo tiempo que se empezaba una campaña de divulgación contra el régimen marxista-leninista que azotaba a Cuba. Para asombro de los anarquistas cubanos, este éxito económico inicial que debería ser continuado con un gesto solidario por parte de los que conocían el problema cubano, encontró dificultades en desarrollarse. En el aspecto económico ya para mediados de 1962 el MLCE había establecido un sistema de cuotas entre sus miembros de $2,00 mensuales, que cubría los gastos más apremiantes, entre los que había el de "ayuda a los compañeros" recién llegados y el de la "campaña pro presos". Esta última actividad requería la ayuda solidaria de los compañeros en América Latina y Europa.

Condenados a penas de 20 años se encontraban presos en las cárceles cubanas Isidro Moscú y Plácido Méndez. Suria Linsuaín cumplía una condena menor, pero su hermano Luis estaba condenado a muerte por tratar de ejecutar a Raúl Castro. Mientras se ayuda a los primeros, el MLCE acordó movilizar la opinión anarquista internacional para salvarle la vida a Luis, por todo lo cual se activó la correspondencia con el exterior con ese propósito. Pero inevitablemente llegó la hora de la confrontación con ciertos sectores del anarquismo internacional que se negaban a aceptar que la revolución cubana comenzaba a convertirse en un sistema totalitario que perseguía, encarcelaba y fusilaba a sus compañeros cubanos. Los libertarios desde Nueva York y Miami aducían las razones que entendían eran correctas desde el punto ético de la filosofía ácrata en contra del sistema establecido que evidentemente los perseguía. Y por supuesto, aportaban pruebas al respecto.

Por otra parte, el DDG ya empezaba a circular en casi todos los medios anarquistas a que tenían acceso sus autores, reforzados más adelante por todas las agencias internacionales al servicio del marxismo internacional, desde Moscú hasta Sidney. Por su parte, los miembros del MLCE en 1962, iniciaron su campaña propagandística con la publicación de un Boletín de Información Libertaria (BIL), recibiendo la solidaridad más desinteresada y espontánea a su causa por parte de Views and Comments, en Nueva York, y el apoyo de la Federación Libertaria Argentina por un acuerdo de su V Congreso celebrado en Buenos Aires, con su órgano de información Acción Libertaria. Tanto los compañeros argentinos como los norteamericanos respondieron desde el primer momento al reclamo de los cubanos exiliados y nunca les faltó a éstos durante todos los años difíciles por venir de ese apoyo solidario. Los anarquistas cubanos no estaban solos.

La información, o mejor, la confusión internacional en el caso cubano dentro del campo anarquista, la inicia el aparato propagandístico del régimen cubano con enormes recursos, talento, imaginación y mucha habilidad política como respuesta al ataque que desde el exterior le hacen los anarquistas, precisamente dentro de un territorio ideológico que el marxismo había manipulado con resultados exitosos desde la Guerra Civil española. La llamada izquierda consistía en una serie de sectores políticos, sociales y hasta religiosos que atacaban constantemente al capitalismo, al militarismo, la burguesía y a la religión organizada. La entrada de esta guerra política del régimen castrista, declarado como socialista, aportaba toda la experiencia que tenían los medios de propaganda cubanos, heredados de la incipiente sociedad de consumo que habían exportado los norteamericanos a Cuba en la década de los años 50, y que secundados por los métodos represivos más sofisticados, resultaron ser los dos factores más eficientes del sistema y los de más larga duración, razón principal de la consolidación y durabilidad del régimen.

Por supuesto que los medios de propaganda castrista usarían hasta el cansancio y en los más remotos lugares del planeta, el DDG para probar que la propaganda anticastrista-anticubana la llamaban y la llaman, confundiendo al sistema político con el país- era producto de un grupo de ex anarquistas al servicio de los peores intereses. Pero primero era necesario desacreditar a los libertarios cubanos fuera de Cuba y después acusarlos como "agentes de la CÍA, proxenetas, traficantes de drogas, batistianos" y muchos otros epítetos, comunes en la retórica de Agiprop marxista con relación a sus enemigos. Se difundió el DDG en todos los medios libertarios a que tuvieron acceso, y de este modo crearon la confusión primero y la duda después con relación al MLCE.

Por supuesto que esta maniobra era de esperar. Lo que realmente sorprendió a los miembros del MLCE fue la reacción del movimiento anarquista a nivel mundial. Al principio del exilio los libertarios cubanos creyeron en la justicia de su causa. Después de aportar pruebas al respecto y recibir la solidaridad de norteamericanos y argentinos, pensaron -erróneamente por cierto- que siendo justo el reclamo contra el castrismo, la solidaridad internacional se produciría natural y espontáneamente, como en el caso español del franquismo. No aconteció de este modo. Surgieron las primeras dudas en diferentes grupos radicados en México, Venezuela, Uruguay, Francia e Italia. Estas dudas eran inicialmente comprensibles con relación al proceso revolucionario que se estaba llevando a cabo en Cuba, más aún si se tiene en cuenta que estos mismos compañeros cubanos, ahora en el exilio, habían apoyado en sus inicios el sistema revolucionario.

No cabía dudas de que el DDG empezaba a hacer daño, y aunque el MLCE tenía conocimiento de dicho pronunciamiento, poco se hizo para rebatir su contenido, pensando de forma equívoca, que nadie le prestaría atención a tales calumnias y falacias. La estrategia era la de atacar al castrismo, el único enemigo en términos políticos. Esto fue otro error. Por esos años también se planteó, y se sigue todavía exponiendo, la convergencia de criterios entre la política del Departamento de Estado Norteamericano y la estrategia sostenida por el MLCE por esos años. Una de las acusaciones más calumniosas de los agentes de Castro contra los libertarios era precisamente la de estar "siguiendo la línea política del imperialismo contra Cuba".

Nadie ha negado nunca esta coincidencia de criterios, que fue y hasta cierto punto sigue siendo cierta. Pero para cualquiera que haya leído algo de la historia de las ideas anarquistas y la de sus militantes, se encontrará con coincidencias parecidas en distintos países y diferentes partes del planeta y que incluyó a la burguesía, el Partido Comunista, el Servicio Secreto Inglés y hasta al Vaticano. Cuando el enemigo es común, cualquier tipo de acercamiento a otros sectores que poco tienen en común con las ideas, es parte de cualquier agenda política. Pero una cosa es coincidir y otra ponerse bajo la égida de otros sectores que nada tienen que ver con las ideas anarquistas y/o negociar los principios. En realidad esto nunca ocurrió.

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